A principios de año, mientras Occidente rechazaba la anexión de la región ucraniana de Crimea por parte de Rusia, el presidente Vladimir Putin les decía a sus asesores que a la larga el mundo aceptaría la audaz maniobra. El Kremlin estaba confiado en que los costos económicos de las sanciones de gobiernos occidentales serían sustanciales pero tolerables para la novena mayor economía mundial.

Durante gran parte del año, la apuesta del presidente ruso parecía acertada. “Sus pronósticos se han cumplido”, sostuvo en mayo Alexei Kudrin, un ex ministro de Finanzas y antiguo asesor de Putin. “Mucha gente ha aceptado lo de Crimea, al menos informalmente”.

Según personas que hablaban con Putin en ese momento, el presidente también parecía confiado en que los lazos estrechos que había cultivado durante años con importantes socios comerciales como Alemania limitarían las consecuencias.

Esos cálculos resultaron totalmente errados. Las sanciones ahogaron el acceso de Rusia a capitales y tecnología de Occidente, y empujaron la economía hacia la recesión. Luego el Kremlin sufrió un segundo revés que ni Occidente ni Rusia podrían haber anticipado: el precio del petróleo —el oxígeno de la economía rusa— se derrumbó 40% desde mediados de año, magnificando el efecto de las sanciones y enviando al rublo cuesta abajo. La caída se ha transformado en una grave crisis monetaria, con un rublo que este año se ha derrumbado 40% frente al dólar.

Los errores de cálculo de Putin han restringido sus opciones. Luego de hacer caso omiso a los costos económicos del conflicto durante la mayor parte del año, recientemente ha comenzado a recuperar la confianza de las empresas y revivir la economía, señalan personas al tanto.

Las sanciones contra Rusia dejaron al país al borde de la recesión. Zuma Press

El conflicto en torno a Ucrania produjo la diferencia más profunda entre Moscú y Occidente desde la Guerra Fría. Una víctima notable ha sido la relación de Putin con Angela Merkel, quien se convirtió en la líder europea más poderosa en gran medida debido a la relativa fortaleza económica de Alemania.

Hace sólo un año, la canciller alemana era una de las socias más cercanas de Putin en Occidente, compensando voces más críticas del Kremlin como Estados Unidos o Polonia. Ahora, lidera al resto de Europa para apoyar las sanciones y advierte del peligro que, afirma, representa Putin para la seguridad del continente.

La retórica de Putin sobre Ucrania parece haberse suavizado en las últimas semanas, conforme las encuestadoras rusas informan de una creciente alarma por la caída del rublo y los precios en alza.

Esta semana, el rublo empezó a recuperarse tras la implementación de un paquete de medidas de estabilización del gobierno y el banco central. Las autoridades ordenaron a las principales estatales rusas, incluidas las gigantes energéticas Gazprom y Rosneft, que vendan moneda extranjera para estabilizar el mercado.

El Kremlin prefirió no hacer comentarios para este artículo.

Luego de que el gobierno de Putin advirtiera que un alivio significativo de las sanciones podría tardar más de un año en llegar, hay pocas chances de evitar un brote inflacionario. Una pronunciada recesión parece inevitable en 2015.

El Kremlin parece haber enterrado la esperanza de un acercamiento con EE.UU., que ha instado a la Unión Europea a apoyar duras sanciones. Enmendar la relación con Merkel tampoco parece fácil.

Hace un año, parecía que las relaciones de Alemania con Moscú estaban mejorando. Las revelaciones de Edward Snowden de que el gobierno de EE.UU. espiaba a sus ciudadanos y gobiernos extranjeros contribuyó a una opinión pública negativa contra Washington en Alemania, celosa de su privacidad. Rusia anexó Crimea en marzo. En las primeras semanas de la crisis, Merkel se mantuvo cauta respecto a imponer sanciones.

La primera ronda de sanciones afectó principalmente a funcionarios y empresarios con lazos con Putin. En público, el líder ruso desestimó el posible impacto económico. Aunque expertos ya temían las potenciales consecuencias.

En ese momento, el gobierno preveía que la economía creciera y la inflación se mantuviera bajo control. Kudrin, el ex ministro de Finanzas, estimó que la crisis con Ucrania reduciría alrededor de un punto porcentual del PIB. Al cabo de un año o tres, las pérdidas ascenderían a US$200.000 millones. Su advertencia no disuadió a Putin y su entorno, que eligieron la confrontación con Occidente. “Entendieron todo”, dijo Kudrin. “Están listos para pagar ese precio”.

Cuando se aplicaron más sanciones a principios de año, algunos funcionarios comenzaron a preocuparse. Pero Putin los ignoró, según fuentes al tanto.

A medida que empeoraron los combates en Ucrania, la decisión de Alemania de arremeter contra el Kremlin se fortaleció. EE.UU. llevaba meses presionando a los europeos en ese sentido.

Merkel y Putin mantuvieron conversaciones largas y combativas por teléfono, según funcionarios alemanes. La inteligencia occidental sugería que Rusia proveía armas a los separatistas y parecía estar coordinando sus operaciones. Putin lo negaba.

Diplomáticos alemanes pensaron que el derribamiento del vuelo 17 de Malaysia Airlines el 17 de julio, cuando murieron sus 298 ocupantes, podría abrir una vía para calmar el conflicto. Pero Putin negó públicamente que los rebeldes hubieran derribado el avión, y culpó a Ucrania.

Convencida de que Putin no estaba presionando a los rebeldes para abandonar los combates, Merkel reunió a los otros 27 miembros de la UE para seguir a EE.UU. y respaldar las primeras sanciones contra sectores de la economía rusa. Constituyeron un revés para Rusia, cuyos bancos y empresas más importantes dependían de financiación y tecnología de Occidente.

El Kremlin respondió con sanciones contra importaciones de alimentos occidentales, afectando a los agricultores europeos.

En Rusia, asesores pro-mercado que habían desaconsejado enfrentarse demasiado con Occidente, incluido Kudrin, fueron dejados de lado, según fuentes cercanas. Asesores pertenecientes a un pequeño círculo de línea dura se habían convertido en los confidentes más cercanos de Putin, indican fuentes al tanto.

A principios de septiembre, Merkel impulsó una segunda ronda de sanciones económicas, al asegurar que Rusia hacía poco por cumplir con un cese al fuego en Ucrania que se acababa de firmar.

En octubre, un alto ejecutivo bancario ruso criticó en público la política del Kremlin. Putin desestimó los comentarios. El gobierno aún preveía que Europa levantaría las sanciones para mediados de 2015 y que los precios del petróleo regresarían a US$100 el barril.

Pocas semanas más tarde, otra caída de los precios del petróleo obligó a Moscú a reconsiderar sus planes.

Tras gastar US$30.000 millones en octubre en un esfuerzo fallido por detener la caída del rublo, el banco central anunció a principios de noviembre que permitiría que la moneda rusa flotara libremente para ahorrar reservas, lo que causó otra baja de la moneda.

A principios de diciembre, el ministerio de Economía revisó su pronóstico: Rusia no tendría alivio de los precios del petróleo ni de las sanciones en 2015. El país se encaminaba a la recesión.

Las tensiones explotaron la semana pasada. La caída de la moneda llevó a los rusos a cambiar sus rublos por otras monedas. Surgieron fricciones entre los liberales y los partidarios de la línea dura.

En medio de la crisis que se profundiza, diplomáticos occidentales reportaron indicios de una flexibilización en la postura del Kremlin sobre Ucrania. Pero tras un año de idas y vueltas, funcionarios alemanes dicen que tienen pocos motivos para creer que las políticas de Moscú cambiarán con rapidez.

Los alemanes afirman que mantener las conversaciones con el Kremlin es importante para darle a Putin una salida de la crisis. Algunos diplomáticos temen que ante el deterioro de la economía rusa, su líder podría verse tentado a escalar el conflicto en Ucrania para distraer a sus compatriotas.

—Alexander Kolyandr y Philip Shishkin contribuyeron a este artículo.