Un billete de 100 liras turcas. Bloomberg News

El nerviosismo sobre los mercados emergentes es evidente. Pese al drástico aumento de la tasa de interés a un día por parte de Turquía, y una subsecuente alza de Sudáfrica, las divisas de países en desarrollo volvieron a sufrir ventas generalizadas el miércoles. Las medidas de política monetaria deberían ayudar a reducir los desequilibrios que han preocupado a los inversionistas, pero la evidencia tardará en aparecer, y los mercados parecen no tener mucha paciencia.

Turquía se encuentra en el centro de la atención de los inversionistas. Tras no elevar las tasas de interés la semana pasada, lo que llevó la lira a devaluarse a cerca de 2,40 por dólar, el Banco Central de Turquía se resignó a lo inevitable.

Sin embargo, parece no haber tenido un efecto contundente. Su política de tasas de interés sigue siendo compleja. Si bien el Banco Central subió sus tasas de referencia entre 4,25 y 5,5 puntos porcentuales, el aumento efectivo en la tasa a la que provee liquidez al mercado fue de 2,8 puntos porcentuales. La lira registraba mucha volatilidad el miércoles y se negociaba entre 2,16 y 2,30 por dólar.

Las penurias se siguen propaganda en los mercados. Sudáfrica elevó su tasa referencial de 5% a 5,5%, pero el rand continuó debilitándose contra el dólar, pese a que el incremento fue inesperado. Una vez más, incluso los países emergentes con sus economías en orden, como México y Polonia, acusaron golpes en sus monedas.

Aún no parece haber una crisis sistémica en los mercados emergentes: los inversionistas deberían diferenciar entre países con finanzas fuertes y débiles. Temores sobre Argentina, Ucrania o Venezuela no deberían inquietar a la mayoría de los inversionistas dados sus débiles vínculos con la economía global.

Incluso el alza de la tasa de Turquía debería producir los efectos adecuados a largo plazo, reduciendo el déficit de cuenta corriente y frenando la inflación, aunque a costa del crecimiento. Una contracción de las importaciones estrechará el déficit, pero no solucionará las grandes necesidades de refinanciamiento externo de Turquía. No obstante, el mercado tardará en notarlo. La lira podría seguir tambaleante dada la continua agitación política, lo que significa que tal vez hagan falta más medidas del banco central.

Mientras tanto, los mercados se ven claramente frágiles y la alta volatilidad empeora la situación. En las economías desarrolladas, las reacciones sobre los valores más negociados son desconcertantes. Los bonos del Tesoro de Estados Unidos se han disparado, lo que ha obligado a los inversionistas que apostaban a la baja a cubrir sus posiciones al descubierto. En tanto, las acciones no han prolongado las alzas de diciembre. Las cifras económicas han sido más contradictorias de lo que preveían muchos, excepto en Europa, donde han continuado su recuperación.

De todos modos, incluso con este nerviosismo, el argumento de un crecimiento aceptable en las economías avanzadas debería seguir siendo válido. En última instancia, eso debería ser una buena noticia también para las economías emergentes, pero por ahora pone en el centro de la atención el retiro de las extraordinarias políticas de relajación monetaria de los bancos centrales, que habrían ocultado las flaquezas de los países en desarrollo. Esto podría causar más turbulencias hasta que finalmente se vea una mejora sustancial.